Un vínculo de amor entre sí y con Dios
Ante la crisis que atraviesan muchos matrimonios y familias, el padre Juan Francisco Torres Ibarra, MG, nos invita a reflexionar en la relación de amor que hay entre la pareja y con Dios, y a orar por todas las familias.
Marzo 7, 2025
Autor: P. Juan Francisco Torres Ibarra, MG
Hoy quiero compartirles a todos los Padrinos y Madrinas de Misioneros de Guadalupe (MG), y a quienes leen la revista Almas, el siguiente artículo.
El tema que nos propone el Papa Francisco para orar en marzo es por las familias en crisis, poniendo énfasis en los valores del matrimonio.
En la actualidad, vemos cómo muchas personas no priorizan en sus vidas este valor del matrimonio; hay quienes incluso no quieren casarse ni formar una familia, se observa una desvalorización en el ámbito matrimonial, e igualmente, en este estado de vida, encontramos muchos conflictos conyugales y familiares debido a que el vínculo marital se ve influido por antivalores, como la ruptura, las divisiones, la falta de respeto y de compromiso.
Podemos observar parejas que se unen en matrimonio y no duran mucho, se separan debido a la ausencia de entendimiento y de diálogo.
El Papa Francisco nos exhorta a que pongamos mucha atención y cuidado en los matrimonios, estar cercanos a ellos y acompañarlos. Nosotros, como misioneros, tenemos la responsabilidad de cuidar y estar cerca de los matrimonios y de las familias, que muchas veces se ven influidas por la sociedad de manera superficial y hedonista.
El mundo y la sociedad quieren hacernos creer que la felicidad se centra en el “yo” (“primero yo, mi autorrealización, mi independencia, mi egoísmo”). Los medios de comunicación tratan de presentarnos que la felicidad es estar a la moda en cuanto a posesiones, éxito social, prácticas sexuales, etcétera.
La propuesta del mundo se ve atractiva, cómoda, y pareciera que no causa dolor, pero lleva a las personas a la soledad y al vacío, generando comportamientos que los distancian de su pareja.
Sin embargo, la verdadera felicidad está en que los cónyuges, entre sí, vivan una relación en intimidad y en responsabilidad. Compartir la vida de manera sensata y personal los lleva a la unidad y al gozo; por tanto, ¡no son mártires, ni hacen grandes sacrificios al dejar el aparente atractivo de los caminos del mundo!
El deseo de Dios es que vivan como el mejor matrimonio que puedan ser. Cuando viven su intimidad como matrimonio, son más abiertos y vulnerables, involucrándose en una comunicación profunda. Cada uno, como individuo, y los dos como pareja, y el sacerdote, son responsables de su relación; por lo tanto, no podemos esperar que otros (en el caso de los matrimonios, sus padres, familiares o amigos), vivan la relación por la pareja, pues están llamados a ser abiertos y honestos el uno con el otro. Dios les pide que exista en ustedes la confianza, que sean el uno para el otro, sin avergonzarse de ser lo que realmente son, sin condiciones y sin esperar nada a cambio.
Dios es amor y por eso la relación de amor entre un hombre y una mujer es imagen de Dios. Él nos creó a Su imagen y semejanza para que en el amor que la pareja se tiene se refleje el amor de Dios. Una pareja que se ama así, de manera responsable e íntima, y que vive la unidad, revela, a través de ese vínculo estrecho, algo de Dios.
En efecto, Dios es personas en relación de amor. No es la palabra amor lo que revela a Dios, sino la experiencia real de personas que se aman de verdad. Para descubrir la riqueza de un Dios amor, de un Dios relación, de un Dios Trinidad, se necesitan matrimonios que se amen como Dios los ama.
Si los matrimonios se dejan llevar por el amor verdadero y sincero, se evitarán muchos conflictos y crisis entre la pareja y en la vida familiar. Rezo mucho por los matrimonios para que Dios siempre los bendiga y acompañe.
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