La Chorrera
En medio de la selva amazónica, MG continúa asumiendo nuevos compromisos evangelizadores con las comunidades indígenas. El P. Juan José Cortés Casillas, MG, nos relata cómo asumió ser párroco en La Chorrera, Colombia.
Septiembre 9, 2025
Autor: P. Juan José Cortés Casillas, MG
Sin duda, cuando escuchamos por primera vez la palabra “Chorrera” fuera de contexto nos suena un poco sin sentido, pero cuando nos adentramos en la rica y sufriente historia del pueblo, enclavado en el corazón de la selva amazónica al que pertenece, lo único que nos queda es admirar a su gente, orar por ellos y reivindicar su dignidad de hijos e hijas de Dios.
La Chorrera es un Corregimiento del Departamento de Amazonas, Colombia. Este enclave pertenece al mayor resguardo indígena no municipalizado de ese país. Toma su nombre de los majestuosos “chorros” o “rápidos” de los múltiples ríos y quebradas que conforman este bioma, en especial del río Igara Paraná, que es su mayor afluente pluvial. Es realmente impresionante observar la fuerza que toman esos chorros de agua que van chocando de manera brusca con las paredes rocosas de sus cauces, sobre todo durante la época fuerte de lluvias.
Continuando la rica historia de La Chorrera, como resiliencia de su cruento pasado colonial, así como en el pasado más reciente, ha sido bendecida por el arduo trabajo que la Iglesia ha prestado en beneficio de sus habitantes, principalmente de su niñez y juventud. No han sido pocos los frailes, sacerdotes, hermanas y laicos que han donado parte de sus vidas a través del internado varonil y femenil existente, que intenta promover las mentes, los espíritus y los cuerpos no solo de la niñez local, sino de la inmensa comarca.
Hoy, el internado y el colegio, a Dios gracias, siguen avante, pero dirigidos en su totalidad por el gobierno. Esta nueva realidad, aunada a los limitados recursos económicos de la Iglesia y a la falta de personal religioso y misionero, provocó que la parroquia de Santa Teresita del Niño Jesús se viera abandonada sin presencia de sacerdote ni religiosas, situación que ha causado un avanzado deterioro de las estructuras de madera y lámina que han protegido y albergado a miles de niños y niñas a través de su centenaria historia de servicio.
Es en este contexto, y gracias a la motivación e inspiración del Espíritu Santo, que Misioneros de Guadalupe (MG) decidió tomar el retador compromiso evangelizador de La Chorrera. El pasado 5 de marzo de 2025 (Miércoles de ceniza) se firmó el convenio con el Vicariato Apostólico de Leticia, Colombia, donde MG asumía la responsabilidad pastoral de la Parroquia Santa Teresita del Niño Jesús (patrona de las misiones) que tenía cuatro años sin sacerdote ni párroco permanente. Fue el 7 de marzo, después de hora y media de vuelo desde Leticia hacia el corazón de la selva amazónica colombiana, que llegué a esa parroquia, donde fui nombrado párroco de esta mítica comunidad por el Sr. Obispo Don José de Jesús Quintero Díaz.
Lo primero que llamó mi atención al aterrizar fue el fuerte resguardo militar que hay, signo de la inseguridad social que prima en la zona. Después del cerco militar, en un segundo contingente, estaba una pequeña comunidad católica muy entusiasmada por recibir, de parte del señor obispo, un nuevo párroco para su querida parroquia. Posterior a una cálida recepción y bajo el sol abrasador, uno de los líderes me dijo: “Bienvenido padrecito a La Chorrera, y denos sus mochilas porque la caminada es larga…” Al principio pensé que era broma, ya que estamos acostumbrados a ser trasladados en algún transporte para llegar a donde vamos a residir, pero al comprobar que a nuestro alrededor solo había árboles, sin algún vehículo, caí en la cuenta de que era verdad. Y como dice el antiguo adagio chino: “Todo camino largo se inicia con un paso”, sin perder el tiempo me puse en marcha. Comenzamos a caminar con la esperanza puesta en el Señor y la confianza de que hay toda una comunidad MG –entre los que se encuentran ustedes, estimados Padrinos y Madrinas– orando y apoyando esta retadora misión (no me olviden en sus oraciones).
Conforme íbamos caminando, me di cuenta de lo inhóspito del lugar: no hay energía eléctrica (se conecta el generador comunitario por horas), no hay automóviles (no existen calles para que circulen), pero sí hay algunas motocicletas, aunque la recomendación es no utilizarlas por los múltiples caminos sinuosos y curveados… Sin embargo, no todo es negativo, los paisajes son como postales con detalles de primavera; verde por todas partes y afluentes de agua brotando por doquier.
Al entrar en la casa cural, aunque visiblemente afectada por el semiabandono, la encontré muy grande y confortable; me causó una muy grata impresión. Al visitar la iglesia por primera vez, me sorprendió lo amplia que es: tiene techo alto (aunque de láminas ya dañadas), toda de madera (desgastada por las termitas y la humedad), con una modesta sacristía, bancas muy largas y hasta un confesionario bien hecho; detalles que son testimonio de la fuerte vida religiosa de la comunidad. Mi mayor sorpresa llegó el primer domingo que celebramos la Eucaristía: se llenó completamente la capilla; se veía la alegría de las personas (aunque era el primer domingo de Cuaresma) porque de nuevo tenían un padrecito, y muestra de ello fue su generosa ofrenda, de $1 102 pesos, a pesar de su necesidad y su pobreza.
Queridos Padrinos y Madrinas, me nació del corazón compartir estas primeras impresiones de la más reciente parroquia que MG, gracias a la oración y apoyo constante de ustedes, ha tomado como responsabilidad en el Amazonas. Soy consciente de que las personas ahora estamos y mañana no (depende de la salud, edad, necesidades, etcétera), no obstante, las instituciones permanecen; esa es mi confianza en este nuevo compromiso: que la gran familia MG no abandonará el caminar de fe de nuestros hermanos indígenas de La Chorrera.
En este momento soy yo y mañana vendrá otro a seguir por este largo camino que se inició el 5 de marzo de 2025 y que espero perdure con su apoyo. No olviden orar por las vocaciones MG para que el dueño de la mies llame también pastores de las familias que habitan en La Chorrera y así, el camino pueda ser continuado por ellos mismos para Gloria de Dios y servicio a los hermanos.
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