Los cristianos en contextos de conflicto
Vivimos en constantes contextos de conflicto, sin embargo, debemos verlos como retos para testimoniar nuestra fe en Jesús, como nos comenta el P. Javier González Martínez, MG, desde la Misión de la Amazonía.
Noviembre 11, 2025
Autor: P. Javier González Martínez, MG
Los contextos de conflicto
Hermanas y hermanos bienhechores nuestros, en este artículo
les comparto una reflexión sobre los cristianos en contextos
de conflicto, tema propuesto por el Papa para orar en
diciembre.
Primero, quisiera aclarar cuál es el propósito de este escrito
y para qué compartirlo en Almas.
Iniciaría recordando, por un lado, que esta es una revista de
difusión misionera principalmente para simpatizantes y
colaboradores, es decir, Padrinos de la labor que realizamos
los Misioneros de Guadalupe (MG) en varias partes del mundo,
incluida la Misión de la Amazonía, donde trabajo en la
actualidad.
Por otro lado, quiero enfatizar en que misioneros y Padrinos
viven de manera constante en medio de conflictos que son parte
del ambiente humano en el que unos evangelizan y otros
expresan su solidaridad misionera. Nadie se libra de esos
ambientes, como nadie puede ignorar la importancia que tienen;
son retos para testimoniar nuestra fe en Jesús, enviado del
Padre.
Ahora sí, sobre el tema de los contextos de conflicto en los
que viven actualmente los cristianos. ¿Cuáles son esos
contextos o ambientes? y, lo más importante, ¿cómo comportarse
delante de ellos?
Para el aniversario 75 de Naciones Unidas (UN75) se escribió
el artículo “Forjando nuestro futuro juntos”. En él, se habla
de “una nueva era de conflictos y violencia”. Es aquí donde
quisiera detenerme para identificar esos “contextos de
conflicto”.
Se habla de conflictos arraigados. La mayoría de estos “se
libran entre agentes no estatales, como milicias políticas,
grupos terroristas internacionales y grupos delictivos”.
Digamos que este contexto de choque se caracteriza por la
violencia, fuera de instancias oficiales, pero es agresión que
lastima igualmente. Perú ha tenido esta amarga experiencia, de
manera grave, años atrás. Hoy, gobernantes, con mucha
discreción, declaran estar en estado de emergencia (no aún
abierto) por actividades subversivas.
No ligado a este problema, Pebas (la misión donde me
encuentro) vive, desde hace más de un año, una situación
política difícil; quejas por malversación de fondos están en
el origen de movilizaciones sociales que han hecho que su
gobierno opere fuera de la capital del distrito.
Otra grave situación actual es la delincuencia organizada, que
incluso provoca más muertes y espiral de violencia que los
mismos combates armados internacionales. En registros de un
pasado reciente, se habla de casi medio millón de víctimas por
homicidio. Los países del continente americano, con México a
la cabeza, registran altas tasas de homicidio. Los ataques más
frecuentes van “contra policías, mujeres, periodistas y
migrantes”. En la selva amazónica, aquí, hay zonas fuertes de
narcotráfico.
Otro grave problema es el del extremismo violento. Hay que
hablar de terrorismo, el cual, ciertamente, ha disminuido en
los últimos años. Ese viene sobre todo del extremismo
islámico; no es, entonces, un problema preocupante para
América Latina ni para México en particular. Sin embargo, sí
se podría hablar de “terrorismo” generado por grupos
criminales ligados a secuestros y asesinatos por ajustes de
cuentas, extorsiones, etcétera.
Las llamadas nuevas tecnologías son herramientas muy útiles,
pero se relacionan con el conflicto humano; lanzan claros
retos al cristiano. Por ejemplo, el mal uso de la Inteligencia
Artificial (IA). ¿Cómo?
La IA intensifica los ataques cibernéticos, físicos y
biológicos, haciéndolos cada vez más anónimos. A través de
internet, personas mal intencionadas pueden llevar a cabo
actividades ilícitas, compra de armas, transferencias de
dinero no reguladas, etcétera. En nuestro entorno, un daño
concreto es el que impacta directamente en el desprecio de las
lenguas originarias indígenas.
Por último, como un ambiente de conflicto difícil para los
cristianos, misioneros y solidarios con la misión de Cristo,
está el ya trillado, aunque no menos grave, problema de la
amenaza nuclear. Hay esperanzas de llegar a acuerdos
internacionales, pero sigue latente.
Delante de estos contextos de conflicto y otros muchos que
vivimos hoy en día, ¿qué se nos pide como cristianos
(misioneros y Padrinos)? Con dolor, vemos que estas
problemáticas quiebran la identidad del creyente, la unidad
con sus hermanos, el espíritu de solidaridad hacia la misión y
las expresiones de su fe, en especial hablando de la
Eucaristía.
Somos creyentes, misioneros y Padrinos de la misión de Cristo.
Por tanto, como creyentes, tenemos que recuperar nuestro ser
cristiano y misionero. No podemos vivir escondiendo o
camuflando nuestro ser cristiano. Tenemos que reconocer
nuestra identidad de creyentes en Jesucristo, Hijo de Dios,
salvador del todo.
También, debemos contrarrestar la crisis de desunión que
vivimos con acciones de comunión. La desunión que padecemos
está generada por los conflictos, pero, quien confiesa a
Cristo como su Señor y se mueve en esa dirección, tiene en su
ser la vida del Espíritu Santo, que es la mayor fuerza que lo
une a sus herma- nos. Por tanto, está llamado a dar frutos de
comunión con sus hermanos.
Garantizado el espíritu de cohesión espiritual, es decir, la
comunión con el prójimo, podemos brindar ayuda a los demás, en
específico, a los misioneros de tierras lejanas. En otras
palabras, vivimos la solidaridad con quienes luchan en el
frente de batalla de la misión de Cristo, de quienes combaten
las fuerzas negativas de esos contextos de conflicto. La
solidaridad se traduce muchas veces en padrinazgo misionero.
Somos el cirineo de Cristo, que carga con la cruz de una
difícil misión, la de generar caminos de salvación para todos.
Finalmente, la misión es una fiesta; este es su contexto más
feliz. Se trata de la celebración de la fe a través de la
Eucaristía. Así, se corona la misión de Cristo. Su entrega a
la voluntad del Padre comienza con el signo eucarístico, pasa
por la cruz; la corona de la misión es su resurrección. La
Eucaristía es la mejor expresión de la fiesta cristiana que
acontece cuando lo anunciamos a quienes necesitan de Dios,
enfrentando los males que surgen en medio de frecuentes
situaciones conflictivas.
Queridos Padrinos y Madrinas, que nosotros “los cristianos en
contextos de conflicto” no bajemos la guardia. La misión de
Cristo es mayor que cualquier batalla. En el Padre inicia la
misión, en el Hijo se encarna la misión, en el Espíritu Santo
se consume la misión. Esta dinámica trinitaria es nuestra
fortaleza en el ámbito de una historia de conflictos.
Notas:
Cfr. “Una nueva era de conflictos y violencia”,
https://www.un.org/es/un75/new-era-conflict-and-violence
Hermann Bellinghausen, “Los retos de la inteligencia
artificial para las lenguas originarias”, Ojarasca, La
Jornada,
https://ojarasca.jornada.com.mx/2025/02/07/los-retos-de-la-inteligencia-artificial-para-las-lenguas-originarias-334-6356.html
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