Cuando el río se encuentra bajo

En los momentos en que nos sentimos decaídos, recordemos confiar en Dios y dejar todo en sus manos, como lo comenta el seminarista Hiram con esta anécdota en la Misión de la Amazonía.

Noviembre 19, 2025

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Autor: S. Hiram Agustín Pérez Linares



Hola, Padrinos y Madrinas, recientemente he regresado de la Misión de la Amazonía, donde tuve la oportunidad de vivir mi año de espiritualidad y pastoral (CESPA).

La historia que les voy a contar sucedió un día en que estaba esperando la lancha a un costado del río Amazonas para viajar a la ciudad. Eran como las 11:00 pm y me encontraba solo en una isla que se forma dentro del río; así como esperamos a que pase un autobús (de esos que llaman “de paso”) y no sabemos exactamente la hora en que llegará, así nos toca esperar la lancha en las comunidades que están sobre este gran río.

Normalmente, podemos esperar en el puerto que hay en el pueblo, pero en esa época del año no llueve tanto y el río comienza a bajar, y este año fue uno de los niveles más bajos en su historia, por eso teníamos que irnos en un bote pequeño a un lugar donde hubiera más profundidad ya que las lanchas grandes no pueden circular ocasionando que debamos ir unos dos o tres kilómetros río arriba para esperar el transporte.

Recuerdo que llegué como a las 10 de la noche y el señor del bote me dejó ahí; la verdad sentí un poco de miedo porque estaba completamente oscuro y frente a mí había un río tan grande que puede llegar a medir incluso kilómetros de ancho. Poco a poco, mis ojos se acostumbraron a la oscuridad y comenzaron a aparecer miles de estrellas en el cielo; después de unos minutos, ya no sentí temor, sino felicidad por presenciar ese espectáculo. Me puse a pensar en lo difícil que se ponía todo en esa época del año, porque incluso los barcos que transportan la carga tienen que desembarcar ahí toda la mercancía y la gente debe llevarla en botes hasta la comunidad en que vivimos; eso hace que las cosas suban de precio y haya escasez de muchos productos.

Pasó un poco más de una hora y se escuchó un motor que se acercaba, llegó otro bote donde bajó otra persona que también viajaría a la ciudad, por lo que me quedé más tranquilo pues ya no estaría solo; empecé a platicar con el señor y el primer tema fue quejarnos por lo difícil que era estar esperando en ese lugar y me dijo una frase que se me grabó en el corazón: “No se preocupe que esto es solo por un tiempo, el río volverá a subir”. Seguimos platicando y después nos quedamos en silencio; como a la 1:30 am se vieron unas luces a lo lejos: era nuestro transporte, una lancha con capacidad para aproximadamente 150 pasajeros; llegó justo a tiempo porque, a lo lejos, se veían relámpagos y empezaban a acercarse unas nubes, ya que en la selva puede llover en cualquier momento.

Pasaron los meses, las lluvias fuertes regresaron, el nivel del río volvió a subir y todo regresó a la normalidad, los barcos y las lanchas pudieron llegar nuevamente hasta nuestra comunidad y, entonces, recordé las palabras que me dijo aquel señor, que no me preocupara porque el río subiría otra vez.

Les comparto esta anécdota porque muchas veces en nuestra vida pasa lo mismo: llegamos a un punto en el que todo se nos complica y parece más difícil, ya sea en la familia, en el trabajo o en cualquier situación. Quiero que recuerden lo que dijo aquella persona: “No se preocupen, que el río subirá de nuevo”. Los invito a que nunca pierdan la fe en Dios, sin importar cuál sea su problema, lo pongan en sus manos y Él, con su infinito amor, siempre nos ayudará para que nuestro río “suba otra vez” y nuestros problemas pasen.



Hay ocasiones en las que necesitamos que nuestros ríos estén bajos para valorar lo que tenemos siempre cuando nuestro río está alto; así que debemos considerar que los problemas van a pasar, pero sin perder de vista que Dios está en nuestras vidas y nos ayuda a salir adelante.

Quiero agradecerles su apoyo económico y también sus oraciones; gracias a ustedes es posible que podamos llevar el Evangelio hasta aquellos lugares tan lejanos. Después de este año, pude confirmar que estoy en el camino que Dios tiene para mí y quiero compartirles que me han dado la oportunidad de continuar con mi formación en Kenia, África, por lo que me sigo encomendando a sus oraciones.

Pido siempre a Dios por ustedes, por sus familias y también la intercesión de Nuestra Madre, Santa María de Guadalupe, para que abogue por nosotros en todo momento, de manera especial cuando sientan que el río se encuentre un poco bajo. Un abrazo y bendiciones de parte de su ahijado.

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