Dios se manifiesta en medio del hambre
En los pequeños actos de bondad brilla el amor de Dios y nos invita a ayudar al prójimo siempre que podamos, como reflexiona Sofía Nefertari Gómez Álvarez, MLA en la Misión de Mozambique.
Mayo 15, 2026
Autor: Sofía Nefertari Gómez Álvarez, MLA en Mozambique
Queridos Padrinos y Madrinas, les saludo desde la Misión de Mozambique, es un gusto compartirles la siguiente reflexión.
Mozambique se encuentra entre los países con mayor pobreza a nivel mundial, por lo que la escasez alimentaria es una de las principales preocupaciones. Desde mi experiencia en el Internado Femenino de Chikweia, el Jardín de niños San Francisco de Asís y la escuela secundaria San Juan Pablo II, puedo decir que todos los niños, desde los más pequeños hasta los grandes, sufren retraso en el crecimiento, y su desarrollo se ve obstaculizado por la desnutrición a largo plazo.
Una de las experiencias que más me ha marcado personalmente se dio durante una de mis visitas a la comunidad de Edmundia, con los niños de la infancia misionera. Me tocó ver a niños muy desnutridos, que con sus ojos te demuestran un profundo amor y tienen un gran entusiasmo por recibir visitas. Conversando con los papás y familiares pude darme cuenta de una constante: no hay o es poco el dinero para que todos en casa coman, por lo que hay días en los que únicamente toman el desayuno (matabicho), que consta solo de pan y té, o comen lo mismo.
Ese día caminamos distancias largas en la montaña visitando a los niños, les repartimos unas paletas que llevábamos y fueron los más felices. Al final del día, fuimos invitados a comer en una casa donde tenían preparado huevo en salsa de tomate con arroz. La hermana Brenda me comentó que solo tenían dos huevos para siete personas; sin duda, se hace presente la multiplicación de los panes, Dios siempre se manifiesta con los más necesitados dándonos ese aliento de esperanza. Me quedé admirada al ver cómo los niños, desde su inocencia, demuestran un amor tan puro sin esperar recibir algo a cambio, se trata solo del compartir desde lo poco que se tiene, es una manera tan pura de la presencia de Dios.
Asimismo, en el transcurso del día, en las escuelas se observa cómo la mayoría de los estudiantes solicitan algún medicamento para el dolor de estómago. Cuando indagamos un poco más por la causa de ese dolor, resulta que no han comido desde el día anterior, por lo que les cuesta concentrarse en las aulas y el malestar es por el hambre. En esos momentos el corazón se hace pequeño y las ganas inmensas de buscar cómo ayudar nos invaden.
Creo firmemente que en estas experiencias está Dios, en el hambriento, en el sediento, en la importancia de compartir y saber que Su amor brilla intensamente en los pequeños actos de bondad.
Muchas veces, en casa, pensamos que no tenemos nada, o simplemente creemos que nos falta algo más, cuando lo importante es ver a nuestro alrededor y saber que hay muchas personas pasándola mal, que no tienen qué comer en sus hogares, que hay gente trabajando turnos dobles o en las calles esperando un pequeño bocado; justo ahí es donde tenemos una llamada a ayudar al prójimo en sus necesidades físicas y espirituales, orar por aquellos que no tienen alimentos y acompañarlos, también, desde la oración.
¿Te gustaría vivir la experiencia de compartir tu fe con los que más la necesitan?
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