Que nuestras manos compartan la alegría del Evangelio

La comunidad sorda también está llamada a compartir el Evangelio, como nos comenta el P. José Guadalupe Martínez Rea, MG, al reflexionar sobre la importancia de cumplir el mandato misionero de Cristo, que es para todos.

Autor: P. José Guadalupe Martínez Rea, MG

 

Queridos Padrinos y Madrinas, ¿sabían que los Misioneros de Guadalupe (MG) realizan su compromiso misionero también entre las comunidades sordas, en Kenia, África?

 

En 2014, se estableció de manera oficial la Capellanía Católica del Sordo en la Arquidiócesis de Nairobi, Kenia; este ministerio especial manifiesta la importancia de comprender que la misión de compartir la alegría del Evangelio y de sabernos discípulos amados de Cristo es labor de todos y para todos; dijo Jesús: “Vayan, entonces, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos” (Mt 28, 19).

 

El mandato es claro: en todos los ámbitos socioculturales donde Cristo y su mensaje no son conocidos, la invitación para sumarse a esta tarea es de todos los discípulos, sin importar cultura, raza, lengua, pueblo o nación.

 

En la última semana de septiembre, cada año, se celebra la Semana Internacional de las Personas Sordas. A un año de haberse establecido dicha Capellanía Arquidiocesana del Sordo en Nairobi, se llevó a cabo un evento donde se confirmó que: “La alegría del Evangelio se comparte por todos y para todos”. En septiembre de 2015, durante la clausura de la Semana Internacional del Sordo, se realizó una oración ecuménica por la evangelización del sordo en Kenia, iniciativa que fue propuesta por nuestra capellanía arquidiocesana al comité organizador de la Asociación Nacional del Sordo. Durante las reuniones preparatorias, se discernió cuál sería el pasaje bíblico iluminador del encuentro y se optó por tomar la carta a los Romanos 10, 12-25.

 

Cuando nos dimos a la tarea de traducir el pasaje a la lengua de señas keniana, fue fascinante el trabajo de adaptación a un lenguaje propio de la vida y experiencia de los sordos; en específico, lo referente al versículo 14, donde san Pablo lanza sus interrogantes sugestivas de cómo el mensaje de Jesucristo puede llegar a todos: “¿Cómo invocarán a aquel a quien no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán si no hay quien les predique?”. Invocar, oír y predicar son condiciones físicas y básicas en el mundo de san Pablo para que el anuncio del Evangelio se llegara a conocer, evidentemente porque se limitaba a los interlocutores que podían “escuchar”, ya que al primer contacto con la fe se accedía mediante la escucha.

 

 

Al realizar la traducción de este pasaje para nuestro evento ecuménico con el sordo, se invirtieron las condiciones físicas que el texto presenta para que el mensaje fuera interpretado sin comprometer la proposición teológica a la que alude en las Escrituras: “Que todos los pueblos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1a. Timoteo 2, 4), quedando la traducción del versículo 14 de la siguiente manera: “…pero ¿cómo podrán invocar —con las manos— a aquél a quien no han creído? ¿Cómo creerán en aquel a quien no han visto? ¿Cómo verán si no hay quien les predique con las manos?”.

 

Para la cultura del sordo, la palabra y la comunicación no se anuncia con la boca, sino con las manos; y por otro lado, el sordo no escucha el mensaje que se le quiere transmitir, sino que lo percibe a través de sus ojos, que pueden ver lo que las manos comunican.

 

Con esta traducción, el mensaje y reflexión bíblica que se compartió en aquel evento frente a 600 sordos presentes; sin duda, fue un acontecimiento iluminador, no solamente por haber tenido la oportunidad de orar juntos con comunidades de sordos procedentes de distintas denominaciones cristianas e incluso de grandes religiones, sino que también permitió retomar una conciencia introspectiva de la misión de la Iglesia, que es llevar el Evangelio a todos.

 

Cuando decimos esto nos referimos, sin duda, a toda la humanidad con su diversidad cultural, situaciones y condiciones, incluso físicas. Por otro lado, este encuentro fue una confirmación de que el sordo es llamado a ser agente para proclamar la Buena Noticia a los demás y hacer de sus manos un instrumento para que se comparta la alegría del Evangelio, porque no hay condición en la que no se pueda transmitir el gozo de ser un discípulo amado de Cristo.

 

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