La vocación en la Misión
Trabajar por la paz en el mundo y llevar un mensaje de amor y esperanza a otras culturas es ser misionero. El seminarista Antonio Vitor Costa Nunes te invita a descubrir el llamado que Dios te hace para compartir su Evangelio.
Febrero 25, 2026
Autor: S. Antonio Vitor Costa Nunes
Cuando escuché por primera vez la palabra “vocación”, pensé que solo se trataba de elegir un camino en la vida. Pero en el seminario he ido descubriendo que la vocación es mucho más: es la respuesta al amor de Dios que nos llama a servir y ese llamado no conoce fronteras.
Como Misioneros de Guadalupe (MG) estamos presentes en 15 países, y cada uno me inspira para observar cómo Dios sigue hablando en culturas muy distintas.
En Asia, por ejemplo, en lugares como Japón, Corea del Sur y Hong Kong, la vocación se expresa en gestos sencillos y silenciosos. Ahí, ser cristiano no es común y por eso cada persona que decide seguir a Cristo lo hace con una convicción profunda.
En África, en países como Kenia, Angola y Mozambique, la vocación se respira en la alegría de los pueblos. Muchos jóvenes sienten que Dios los llama a trabajar por la paz y la justicia, y eso me alienta a que la fe siempre nos invita a construir un mundo mejor.
En América Latina y el Caribe, como en Perú, Brasil, Colombia, Cuba, Guatemala y nuestro querido México, la vocación brota en comunidades sencillas y cercanas. Son familias, muchas veces indígenas o campesinas, que viven con lo justo, pero que nunca pierden la fe, aunque el camino sea duro.
En Estados Unidos, sobre todo en Los Ángeles, la vocación se fortalece en las comunidades de migrantes, que no pierden su fe aun estando lejos de su tierra.
Y en Indonesia y Túnez, donde apenas se abren nuevos caminos, la vocación se vive con una delicadeza especial. No se trata de grandes palabras ni de acciones visibles, sino de estar ahí, escuchando, aprendiendo, respetando.
El solo hecho de convivir con personas de otras religiones con humildad y amor ya es una forma de misionar.
Cuando pienso en todo esto, entiendo que la vocación no se trata solo de mí o de lo que yo quiero hacer, sino de aquello que Dios sueña para cada persona y para el mundo.
Por eso, quiero invitarte: atrévete a escuchar lo que Dios te habla en el corazón. Tal vez también a ti te llama a ser misionero, a entregar tu vida para llevar esperanza a otros.
¡Una gran aventura misionera espera por ti! Anímate a darle tu “sí” a Dios y llevar el Evangelio por el mundo, contáctanos:
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