Dos países, dos culturas, pero en Dios, todos somos uno

¿Cómo ven otras culturas a los Misioneros de Guadalupe? Conozcamos la visión de 3 seminaristas coreanos que vivieron una experiencia formativa de intercambio en el Seminario Mayor de Misiones, CDMX.

Junio 1, 2026

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Autor: Gabriel, Andrés y Rafael, seminaristas coreanos, P. Alberto Puente Colunga, MG, rector del Seminario de Misiones



Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad”. Así es como empiezan las Constituciones que rigen a los Misioneros de Guadalupe (MG), quienes, a través de la misión ad gentes, compartimos la Buena Nueva en países y culturas lejanas con aquellos que aún no conocen a Jesús, nuestro Mesías y Salvador, pueblos que desconocen su doctrina y enseñanzas basadas en el amor a Dios y al prójimo. Ser misionero implica tener disposición para trabajar en el plan salvífico de Dios con apertura a otras razas y naciones, pues bien sabemos que somos parte de la Iglesia, que por naturaleza es misionera; eso implica que nuestra misión es compartir la alegría del Evangelio donde nos encontremos, teniendo a Jesús como modelo de nuestra vida de fe.

Al inicio del ciclo escolar y por la relación que los MG tenemos con la Iglesia coreana, tres seminaristas del Seminario de Seúl vinieron a México para vivir una experiencia formativa en el Seminario de Misiones con nuestros seminaristas. Mientras realizaban sus estudios en la universidad, tomaron clases de español. De agosto a diciembre de 2025, estuvieron con nosotros: Ju Taehun, Gabriel; Jung Hyeonseung, Andrés; y Oh Min, Rafael; quienes nos comparten parte de su experiencia.

Gabriel: “En diciembre del año pasado, cuando escuché (estando en Corea) que había sido asignado a México para mi práctica pastoral en el extranjero, sentí una alegría inmensa que no puedo expresar. No podía creer que volvería, después de 20 años, al país donde pasé mis años de primaria. Por supuesto, el México que conocí de niño es muy diferente al de ahora. Sin embargo, hay algo que no ha cambiado: la amabilidad de su gente, su clima maravilloso y su comida, que sigue siendo deliciosa… Mi estancia en México fue un poco diferente a lo que había imaginado, pero estos cuatro meses han sido un tiempo verdaderamente valioso y significativo. Las colectas y actividades que realicé junto con los seminaristas locales, el apostolado en el Hospital de Cardiología donde pude acompañar a tantos pacientes mexicanos, y la visita a la parroquia coreana (en Ciudad de México), son momentos que llevaré siempre en mi corazón. Jamás olvidaré los hermosos recuerdos que viví en México y a las valiosas personas que tuve la dicha de conocer. Este tiempo no solo ha ampliado mi horizonte pastoral, también ha dejado una huella profunda en mi camino vocacional. Espero que estas experiencias sigan dando fruto en mi formación y en el servicio que ofreceré en el futuro”.

Conviene señalar que los papás de Gabriel son comerciantes y vivieron en México cuando él era niño; estudió en nuestro país hasta quinto de primaria.

Rafael: “Durante estos cuatro meses con los MG, pude aprender y experimentar muchísimas cosas. Aunque mi español es limitado y soy un seminarista coreano con varias carencias, los mexicanos siempre me brindaron un cariño y una atención muy cálidos. Viviendo en México, sentí que hay grandes diferencias con Corea en cuanto al idioma, la cultura y las tradiciones, pero también pude sentir profundamente que, en Dios, todos somos uno. Ha sido una gran alegría estar con los MG y estoy realmente muy agradecido”.



Andrés: “Lo que más me impresionó desde que llegué a México fue ver a los fieles ‘unidos’ en la fe. La imagen de las personas que esperan los sacramentos en las comunidades, la mirada de quienes oran al unísono bajo la tilma de la Santísima Virgen, y la experiencia de sentirnos unidos por la fe incluso cuando no compartimos el mismo idioma… Todo ello me permitió descubrir al Dios presente en la vida cotidiana del pueblo mexicano. Ha sido una gracia vivir esta unidad y entablar las invaluables relaciones que se han formado durante este tiempo. Deseo expresar mi sincero agradecimiento a todas las personas con las que compartí este camino. Aunque regrese a Corea, seguiré unido a ustedes en la oración, en el corazón de Dios. ¡Muchas gracias!”

Estimados Padrinos y Madrinas, no cabe duda de que la misión que tenemos como Iglesia nos impulsa a llevar nuestra vida de fe a otros países y con otras culturas, sin olvidar que creemos en el mismo Dios de misericordia, bondad y amor. Esta experiencia con los seminaristas coreanos nos invita a compartir a Jesús resucitado con todo el mundo, sin olvidar que en Él todos somos uno. Nos seguimos encomendando a sus oraciones y sepan que desde el Seminario de Misiones y ahora tres seminaristas coreanos que disfrutaron de su generosidad, se unen a nuestras oraciones por ustedes, esperando que nuestro Dios de misericordia les recompense con creces por todo lo que hacen por sus ahijados, los MG. ¡En Dios todos somos uno y Él los bendice!

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