Cápsulas de fe: ¿por qué nos ponemos ceniza?

Este 2 de marzo, Miércoles de Ceniza, inicia la Cuaresma, conoce más sobre la imposición de ceniza, símbolo de arrepentimiento y conversión.

Este miércoles 2 de marzo da inicio la Cuaresma, un periodo de 40 días en el que recordamos cómo Jesús pasó ese mismo tiempo en el desierto, en ayuno y oración antes de iniciar su vida pública, por eso, nosotros también comenzamos un tiempo de preparación para vivir la Pascua. 

 

La Cuaresma comienza con el signo de la imposición de la ceniza, por eso a este día se le conoce como Miércoles de Ceniza, en él acudimos a las iglesias para que el sacerdote o ministros nos impongan o marquen una cruz en la frente, pero, ¿por qué lo hacemos?, ¿qué significa?

 

La palabra ceniza proviene del latín cinis, que significa polvo, es lo que queda de algo que fue consumido por el fuego, por ello, tiene un sentido simbólico de caducidad, de humildad y de penitencia. 

 

El origen de la imposición de la ceniza viene desde la antigüedad, las Sagradas Escrituras señalan que los ninivitas usaban la ceniza como signo de su deseo de conversión de una mala vida a la vida con Dios (Jon 3, 1-10), así también, el pueblo judío acostumbraba cubrirse de ceniza cuando hacían algún sacrificio (1 Mac 3, 45-50).

 

En los primeros siglos de la Iglesia, las personas que querían recibir el Sacramento de la Reconciliación, el Jueves Santo, se ponían ceniza en la cabeza y se presentaban ante la comunidad vestidos con un “hábito penitencial”, un saco de tela áspera para recordar la pequeñez del hombre, que procede del polvo y al polvo volverá, y también simbolizaba un sacrificio, una señal de que se reconocía pecador y que deseaba, por medio de esa penitencia externa, manifestar su deseo de arrepentimiento y perdón, así expresaba su voluntad de convertirse.

 

Por tanto, nos ponernos ceniza como un símbolo a través del cual queremos: 

 

  • Reconocernos como pecadores, mediante un examen de conciencia profundo, identificamos cuáles son nuestras fallas. 

 

  • Convertirnos, pues una vez que sabemos en qué hemos fallado, pedimos a Dios su guía para poder modificar nuestras actitudes y emprender acciones para lograr el cambio. 

 

Es decir, “algo” debe quemarse y destruirse en nosotros: el hombre viejo deja atrás al pecado para dar lugar a la nueva vida en Cristo.

 

La ceniza que se emplea para este rito se obtiene de la quema de las palmas del Domingo de Ramos empleadas el año anterior.

 

¿Todos debemos ponernos ceniza?

La imposición de ceniza no es un “ritual mágico” o una especie de “bendición”, incluso hay quienes creen que es una obligación (“si no voy, me puede pasar algo malo”, “todos tenemos que ponérnosla”). 

 

Sin embargo, quienes nos ponemos la cruz de ceniza en la frente debemos hacerlo por expresar arrepentimiento de corazón por nuestros pecados y por un profundo deseo de conversión, es un signo libre con el que nos reconocemos pecadores.

 

De hecho, el Miércoles de Ceniza no es día de precepto, por tanto, la imposición de ceniza no es obligatoria, como dijimos, es un signo libre, considerado como un sacramental (es decir, no confiere la gracia del Espíritu Santo como los sacramentos, pero ayudan a prepararse para recibirlos), por ello, todas las personas que lo deseen, pueden recibirla.

 

¿Por qué nos dicen “Polvo eres y en polvo te convertirás” o “Arrepiéntete y cree en el Evangelio?

Al momento de la imposición de la ceniza, el sacerdote o persona menciona alguna de estas frases: “Polvo eres y en polvo te convertirás” o “Arrepiéntete y cree en el Evangelio.”

 

Éstas son el recordatorio de que nuestra vida en la tierra es pasajera y que la vida definitiva se encuentra en el cielo, todo lo material que tengamos, aquí se acaba, al final, sólo nos llevaremos aquello que hayamos hecho por Dios y por nuestro prójimo. 

 

Por eso, la Cuaresma es un tiempo de preparación intensa que nos invita a la verdadera conversión.

 

¿Debemos ayunar el Miércoles de Ceniza?

Sí, ya que la Iglesia nos señala como días obligatorios para el ayuno y la abstinencia el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo, sin embargo, el ayuno sólo aplica para las personas mayores de 18 años y menores de 60, fuera de esos límites, es opcional. El ayuno consiste en tener una comida “fuerte” una sola vez al día.

 

La abstinencia, es decir, no comer carne, es obligatoria para todos desde los 14 años y también debe practicarse durante los viernes de Cuaresma.

 

Estas dos prácticas nos ayudan a reflexionar, a hacer nuestro examen de conciencia y meditar, pues no sólo el pan o alimento es fundamental para nuestras vidas, también es muy importante nuestro acercamiento a Dios y a nuestra vida espiritual, por ello, conviene que junto con el ayuno y la abstinencia también hagamos oración y busquemos, con acciones sencillas, cómo cambiar nuestras malas actitudes y ayudar a los demás. 

 

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