La Palabra y el Espíritu

El S. José Salguero Becerril, quien actualmente cursa el CESPA en la Misión de la Amazonía, nos invita a acercarnos a Dios mediante la lectura de la Biblia, dejando que el Espíritu Santo se manifieste y dé frutos.

Autor: S. José Salguero Becerril

“El Espíritu Santo les enseñará todas

las cosas, y les recordará todo lo

que les he enseñado”. Jn 14, 27

 

Hola, Padrinos y Madrinas, los saludo con mucho gusto, esperando que las situaciones adversas que llegan a nuestras vidas sean iluminadas por el Espíritu Santo. Me presento, soy José Salguero Becerril, originario de Lerma, Estado de México, perteneciente a la Arquidiócesis de Toluca.

 

En este mes de septiembre, que la Iglesia dedica a la Biblia, quisiera compartirles mi experiencia con la Palabra de Dios.

 

Antes de entrar al seminario, era muy asiduo a la Pastoral de Jóvenes y Adolescentes; el grupo donde me encontraba formaba parte de la Renovación Carismática Católica en el Espíritu Santo. Pertenecer a esa comunidad hacía que mi relación con la Biblia se fuera acrecentando, aunque fue un suceso específico el que me hizo afianzar mi relación y tener fe en ella.

 

En esta comunidad había un matrimonio que apoyaba nuestro caminar en la fe: Richard y Jenny, quienes decidieron ponerse al servicio de Dios. Ellos no lo sabían, pero hubo un momento en el que sentí que estaba perdiendo el sentido de la lectura de la Biblia.

 

Normalmente, cuando termina la asamblea, algunos amigos nos quedamos a platicar. En una ocasión, se tocó el tema de la lectura de la Biblia, Richard y Jenny nos  invitaban a leerla: que no importaba el libro, el orden en que leyéramos o el tiempo, etcétera, hablándonos de la importancia de orar al Espíritu Santo antes de hacerlo para ser sensibles a la voz de Dios. Entre estos comentarios, nos dijeron algo que se quedó grabado en mi corazón: “Cuando lees la Biblia, pareciera que se te olvida lo que lees, pero en el momento en que lo necesites, el Espíritu Santo te lo va a recordar”.

 

Vi a Richard y Jenny tan convencidos, que aquello me dio mucha esperanza en la lectura de la Palabra de Dios.

 

Pues bien, comencé a leerla con más fe, con un ánimo diferente, pues ese comentario había renovado el sentido de su lectura. Me preguntaba cómo funcionaba el recordatorio de la Palabra a través del Espíritu.

 

Entonces, llegó el momento. Recuerdo haber leído sobre el “nacer de nuevo en el Espíritu” y, reflexionando en cómo es que, a través del Sacramento de la Reconciliación, el Señor renueva nuestra alma, realicé mi confesión haciendo mi examen de conciencia desde que era pequeño hasta ese momento.

 

 

Una tarde, estaba junto con mis hermanos de la comunidad de jóvenes, desarrollando

un tema de formación. Era bueno complementarlo con un testimonio, pero no sabía qué decirles, pensé en dejarlo así. Entonces, me llegó el recuerdo de esa experiencia y les compartí sobre aquella confesión y cómo me ayudó en la vida espiritual. Al finalizar, un amigo se acercó y me dijo que eso era lo que estaba buscando, necesitaba “nacer de nuevo” en Dios. No supe qué decirle, no fue cosa mía, sino la Palabra de Dios, recordada por su Espíritu, como nos explicaron Richard y Jenny.

 

Los invito, Padrinos y Madrinas, a que nos sigamos acercando a la Biblia para acrecentar nuestra relación con Aquel que nos ama. Aunque pensemos que no existe relación entre lo que vivimos y lo que leemos, tengo fe en el Espíritu de que, en algún momento, dará fruto.

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