Sobre los primeros envíos a Estados Unidos

El P. Ricardo Colín Negrete, MG, nos comparte una curiosa anécdota que ocurrió en uno de sus primeros viajes a Estados Unidos, donde todavía no dominaba el idioma.

Autor: P. Ricardo Colín Negrete, mg. Tomado del libro Un Vagabundo de Dios, Segunda Parte. Biografía del Sr. Obispo Mons. Escalante

 

En 1954, Mons. Escalante y Escalante, en ese entonces Superior General de Misioneros de Guadalupe, envió a los sacerdotes misioneros P. Ricardo Colín y P. José Chávez a aprender el idioma inglés y los métodos de promoción y desarrollo de Markynoll. De esa experiencia, compartimos una breve anécdota:

“Nos envió primero a estudiar un poco el idioma inglés. Era el verano. Nos compró boleto de autobús de México a Chicago. Era nuestro primer viaje al extranjero. Hicimos la primera parada en Laredo, TX, donde nos comunicamos con una señora que supuestamente nos ayudaría a recuperar bisutería, que llevábamos para regalar a familiares y amigos, pues la aduana de USA nos la había retenido. Como dice el dicho: resultó más caro el caldo que las albóndigas, la señora no pudo pasarnos esas cosas y continuamos el viaje a San Antonio, TX. Después, el autobús Greyhound nos llevó hasta San Luis Missouri pasando por Dallas, Little Rock y Memphis. Durante dos días oímos los nombres de los pueblos por donde pasábamos y las paradas que hacíamos para subida y bajada de pasajeros o para las comidas. No sabíamos pedir otra cosa que ‘ham and eggs sandwich, please’ (emparedado de jamón y huevo, por favor).

El autobús pasaba por la región boscosa de Arkansas, Tennessee, Kentucky y Missouri. Llegamos a Saint Louis a la una de la mañana, cansados y modorros. Atravesamos la calle frente a la terminal y nos metimos al primer hotel que vimos. La intención era llegar a la procura de los padres de Markynoll donde nos esperaba Mons. Escalante, pero ya era demasiado noche. Dormimos a pierna suelta. A las 9 de la mañana llamamos por teléfono. Contestó el P. John Martin: ‘Dónde están mis hijos perdidos?’ No sabíamos ni el nombre del hotel. El P. Colín salió al corredor y vio a una amable negrita que aseaba el lugar y le pidió que viniera al teléfono. Ella dio el nombre y dirección del hotel. Enseguida nos devolvió el aparato y oímos la voz del P. Martin: ‘Sálganse de allí inmediatamente, es un hotel de mala reputación. Preparen sus maletas, bajen a la banqueta, el Hno. Claver Carney, M.M. los recogerá en 15 minutos y los traerá a esta casa. Su jefe ya los está esperando aquí.’”

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