Educar, un horizonte cristiano y misionero

El P. Javier González Martínez, MG, nos comparte una reflexión sobre los retos y desafíos de los programas educativos en las misiones.

Autor: P. Javier González Martínez, MG

 

La misión confiada a los Misioneros de Guadalupe por Cristo, a través de su Iglesia, incluye la educación del pueblo de Dios.

 

La educación, refiriéndome específicamente a la que es formal, es un proceso de “enseñanza-aprendizaje” (intercambio bilateral en el que es tan importante aprender lo que se enseña como enseñar lo que se aprende). Los organismos públicos oficiales son responsables de la educación formal y ésta se imparte en los establecimientos escolares.

 

La Iglesia, en su misión por evangelizar a todos, evangelizadores y evangelizados, participa de esa educación formal, también de enseñanza-aprendizaje, a veces colaborando con el Estado y otras tantas, de manera más autónoma; pero, en uno y otro caso, educa la mente de todos, dando inteligencia a la fe de valores sólidos, fundados en Cristo, y a la fe misionera, que está abierta a compartir.

 

Retos y necesidades educativas en nuestras misiones

Los programas educativos en nuestras misiones tienen diversos retos. El primero es el atraso, en el sentido de posponer la tarea educativa del pueblo de Dios por la necesidad de privilegiar la catequesis; otro, es la falta de infraestructura, y uno más, es la imposibilidad de participar en la educación formal en ciertos gobiernos donde se encuentran nuestras misiones.

 

Intentos por poner la educación en las misiones 

Ha habido repetidos intentos de participar en la educación formal en el contexto de nuestras misiones. El sistema educativo en Kenia, por ejemplo, abre a las misiones católicas y a otras denominaciones cristianas, espacios en primarias y secundarias. En todas las escuelas primarias del país existe la posibilidad de acompañar formalmente el proceso de evangelización cristiana de los infantes. Es, ciertamente, un momento específico para la catequesis, pero, en el contexto de la escuela, este espacio se vuelve verdaderamente educativo en el sentido de la enseñanza-aprendizaje. Existe, por supuesto, el reto de la preparación de los instructores (que no son catequistas) en el sentido parroquial (y no por disminuir su rol); los instructores de las escuelas pueden ser verdaderos docentes en el acompañamiento de la educación cristiana de sus alumnos. Su papel es contribuir a que el estudiante dé mayor inteligencia a su fe. En las escuelas secundarias también se abren espacios para la presencia de misioneros (religiosos y laicos). Aunque no exclusivamente, la presencia educativa en las misiones puede ser muchas veces de carácter celebrativo, donde se educa la fe en el contexto de la Eucaristía. Hay apertura, además, en diversas instituciones de educación superior.

 

Luz en el camino

La educación del horizonte cristiano y misionero, en nuestras misiones, está iluminada por la enseñanza de la Iglesia. No son, pues, ocurrencias o buenas iniciativas de nuestros Misioneros de Guadalupe el implementar programas educativos en las misiones. La sabiduría del magisterio recuerda que, en permanente diálogo con las culturas, las misiones educan la vida de evangelizadores y evangelizados.

 

Perspectivas

Los problemas en nuestras misiones son complejos y el mensaje de Cristo es fundamental; pero, no podemos hablar de Cristo y de su Evangelio sin hacerlo desde el corazón de las culturas. La educación nos abre ese camino. Instruye la mente y su cultura, y da inteligencia de fe cristiana y misionera, con lógica cultural.

 

 

 

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