El valor de la Palabra de Dios

Desde la Misión de Kenia, el P. Ignacio Flores García, MG, nos narra cómo se manifiesta la Palabra de Dios en estas tierras lejanas.

Continuamente, Dios le habla a su pueblo y se le manifiesta de diferentes maneras. Para mí, una de estas formas y sin duda, de las más bellas, es a través de su Palabra. 

 

Queridos Padrinos y Madrinas, tengo el gusto de compartir la Palabra de Dios como sacerdote Misionero de Guadalupe en Kenia. Durante muchos años, los misioneros hemos llevado el Evangelio en estas tierras lejanas y me asombra que Dios siempre nos dice algo peculiar a través de las Sagradas Escrituras en medio de las diferentes circunstancias y situaciones de vida que nos toca experimentar.

 

Al estar en Nairobi, en la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, soy testigo del trabajo tan comprometido que mis antecesores sacerdotes misioneros han hecho en medio del pueblo africano; constato el gran amor con el que los cristianos han recibido y abrazado la Palabra de Dios. La forma más emocionante en la que se puede observar este aprecio a la Palabra, es durante la misa, cuando se hace una procesión especial para recibirla.

 

A continuación, la compartimos a detalle: cuatro o seis personas custodian la Palabra de Dios, generalmente a la entrada o a la mitad de la Iglesia; los dos monaguillos, con sus velas, dirigen la procesión, y al frente se coloca un grupo

de niños o jóvenes danzantes que, al estilo africano, bailan y cantan acompañando el Libro Sagrado. Dos personas, fuertes y robustas, cargan una silla, y en ella, un niño lleva la Biblia. Otras veces, la lleva algún fiel, generalmente un miembro del grupo de lectores. 

 

Todos cantamos y bailamos con mucho entusiasmo mientras la Biblia avanza a través del pasillo central del templo; el niño o feligrés asignado manifiesta el tesoro: la Palabra de Dios. Los asistentes levantamos las manos, sonreímos y cantamos, sabiendo que “quien llega” a dialogar con nosotros, es Dios, nuestro Señor. Entonces, frente al altar, ya sea el diácono o el sacerdote, recibe la Biblia para elevarla y presentarla a todos con mucho respeto y confianza.

 

Una vez recibida, es colocada solemnemente en el ambón. Después, todos guardamos silencio para escuchar el mensaje divino a través de los lectores y el salmista. Por su parte, el diácono o sacerdote, proclama el Evangelio; es ahí donde viene la riqueza, el valor de lo que el Señor nos dice a cada uno: mensajes de ánimo, consejo, esperanza y consuelo; de aquí emana la constante invitación para mirar siempre con fe hacia el Dios de la vida. Es un momento para alimentar nuestra fe, agradecer, meditar y vivir el mensaje que Dios nos comparte.

 

 

Queridos Padrinos y Madrinas, ¿ustedes cómo honran la Palabra de Dios en sus iglesias, hogares y trabajos? A veces decimos que Dios no nos escucha y la verdad es que siempre lo hace. Tal vez somos nosotros quienes no lo escuchamos ¿cómo podríamos escucharlo si no nos abrimos a la posibilidad de que nos hable a través de su santa Palabra?

 

Hoy los quiero invitar a redescubrir el valor de la Palabra de Dios y su mensaje. Dejemos que el Señor nos hable; quienes sabemos leer, compartamos un poco con los que no, y quienes no saben, acérquense con los que sí, Él siempre nos habla de alguna manera, seamos pacientes y abiertos a escuchar con sutileza lo que nos dice.

 

En mi parroquia africana se realiza este bello momento con la Biblia, pero después, tiene un eco maravilloso en las pequeñas comunidades cristianas que se reúnen para estudiarla.

 

Queridos bienhechores, que Dios los bendiga y que su santa Palabra les llene de paz y amor. Gracias por apoyarnos para llevar y compartir el mensaje divino a otras partes del mundo.

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