En donde hay un mexicano, ¡ahí está Guadalupe!

En donde hay un mexicano, ¡ahí está Guadalupe!

Autor: P. Pedro García Flores, MG

 

Mi nombre es Pedro García Flores, sacerdote Misionero de Guadalupe, originario de la etnia mazateca de Huautla de Jiménez, Oaxaca. Actualmente, me encuentro haciendo mi apostolado misionero en Kenia, África, en comunidades maasai, desde junio de 2014.

Me ha parecido interesante narrar un poco cómo la Morenita del Tepeyac es reconocida y respetada en estas comunidades maasai; me encuentro sirviendo como párroco en la Parroquia del Buen Pastor y, dentro de nuestras 19 capellanías, tenemos una que está bajo el patronato de Nuestra Señora de Guadalupe: es la comunidad de Loolakir, floreciente y de mucha actividad pastoral, donde los feligreses conocen bien el acontecimiento guadalupano; de hecho, desde el 9 de diciembre inician un ambiente de preparación para su fiesta, con oraciones, pláticas y una misa solemne el 12  de diciembre, acompañada de aire fresco, sonido del tambor y gritos muy comunes de fiesta y alegría en honor a Nuestra Señora de Guadalupe.

Un dato interesante a destacar es sobre cómo y por qué creo que la gente aquí en Kenia ha aceptado devotamente, con mucho cariño y amor, a Nuestra Señora de Guadalupe, y es porque, así como nosotros, los mexicanos, tenemos rasgos indígenas que nos identifican con ella, así también el pueblo africano detecta características que le son familiares.

Por ejemplo, recuerdo que en la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe les contaba cómo se dan sus apariciones a escasos 10 años en que el ejército del último tlatoani azteca (Cuauhtémoc) había sido derrotado por los españoles, viviéndose un tiempo de depresión, de sometimiento salvaje, por así decirlo, de parte de los españoles. En este contexto, las apariciones de Guadalupe, les comentaba, tienen lugar en donde se relatan los hechos de guerra siendo después el sitio de veneración a Nuestra Madre del cielo en la advocación de Guadalupe; además, les platicaba que la devoción a la Virgen de Guadalupe se intensifica en momentos de tragedia, epidemias, inundaciones, guerras; todo esto la gente en Kenia lo hace muy suyo y lo conecta con lo que se vive aquí en África: pobreza extrema, violencia, y en estas comunidades maasai, sequía intensa; si no hay lluvia, no hay vida, pues nuestros hermanos maasai son pastores y dependen de los pastizales para alimentar a sus chivos y vacas, a fin de que puedan tener leche, sinónimo de vida.

 

“Evangelizar la cultura, lejos de abandonar la opción por los pobres y el compromiso con la  realidad, nace del amor apasionado a Cristo, que acompaña al Pueblo de Dios en la misión de inculturar el Evangelio en la historia, ardiente e infatigable en su caridad samaritana” (Aparecida 491).

Recuerdo que después de platicarles todo esto, una señora con ojos llorosos me dijo: “Padre, pensé que sólo aquí en África vivimos todo eso, no sabía que también ustedes los muzungus (como comúnmente conocen a los extranjeros) experimentaban estas situaciones”; entonces, así es como se encarna el amor, cariño y devoción a nuestra Morenita del Tepeyac, por eso las palabras de Guadalupe a Juan Diego tocan su corazón; se saben y se sienten acompañados en su dolor y sufrimiento, pues creen firmemente en su mensaje: “¿No estoy yo aquí que soy tu madre?”

Eso, sin duda, me hace sentir que en verdad las misiones llenan mi vida, aun con los momentos duros que se viven en esta región maasai, seca y calurosa, siempre hay mucho de gratificante, sólo es cuestión de dejarle a Dios mi voluntad, sabiendo y creyendo que su mano está siempre allí para protegerme  y mostrarme el camino, recordándome que soy su instrumento como constructor de vida para honra y gloria suya, pues Él es quien me ha llamado y me ha enviado a cumplir su misión de hacer crecer el reino de paz, amor  y justicia, como ya lo mencioné, siempre a ejemplo de María de Guadalupe.

 

 

 

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