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Enfrentar la enfermedad con fe y esperanza

El P. Santiago Rodríguez Serrano, MG, nos comparte su experiencia al realizar una visita a una de nuestras Madrinas para llevarle esperanza en medio de su enfermedad.
fotografia P. Santiago con señora

Autor: P. Santiago Rodríguez Serrano, MG

 

Queridos Padrinos y Madrinas de Misioneros de Guadalupe, les comparto esta bella experiencia que viví en la ciudad de Puebla.

 

Al encontrarme unos días por allá, el Promotor Marcos M. me pidió visitar a una Madrina que se encontraba enferma; al momento, no podía asistir, pero acordamos otro día y horario para hacerlo.

 

Llegado el día, acudimos al hogar del señor Héctor P. y la señora María Sofía L., quienes me recibieron con gusto y de inmediato les compartí que los Misioneros de Guadalupe agradecemos profundamente su oración y el donativo que por varios años nos han compartido, y ahora, Dios Nuestro Señor nos daba la oportunidad de corresponderles por medio de la visita de un sacerdote misionero a su hogar. La señora María Sofía tuvo la gracia de recibir los Sacramentos de la Reconciliación, la Unción de los enfermos y la Comunión, además de que, junto con su  familia, pudimos tener un momento de oración, pidiendo a Dios fortaleza, fe y esperanza para enfrentar la realidad de la enfermedad.

 

En la plática, compartimos que muchas veces es difícil comprender y aceptar la cruz de la enfermedad, sobre todo porque no solamente es el cansancio y dolor físico que sufre el enfermo, sino porque la familia entera hace frente a los padecimientos; todos, de una forma u otra, enfrentan el cansancio, por eso los invité a que en nuestro momento de oración no sólo rogáramos por la enferma, sino por toda la familia, que juntos pidiéramos a Dios para que les concediera siempre estas grandes virtudes: la fe y la esperanza.

 

La fe en Dios, quien nunca nos abandona y que, a pesar de las dificultades, pone los medios necesarios para mostrarnos su amor y misericordia; el claro ejemplo era la visita de un misionero en su hogar.

 

La esperanza, por su parte, nos ayuda a entender que nuestra vida está en manos de Dios y que nunca podemos dudar de su infinita misericordia. Es la esperanza la que nos lleva a enfrentar el camino de la enfermedad con valentía y esperar la  gracia de la salud, si es la voluntad divina.

 

Después de orar juntos, le pedí a doña María Sofía que ofreciera su enfermedad por las Misiones, pues Nuestro Señor recibe su dolor y sufrimiento como una gran ofrenda. Asimismo, le comenté que los Misioneros de Guadalupe, junto con muchos otros Padrinos y Madrinas, seguiríamos orando por ella, porque todos somos una gran familia misionera que nos apoyamos en cada momento y circunstancia de la vida.

 

 

Agradezco a Dios haber tenido esta oportunidad y le pido que siga bendiciendo y fortaleciendo a todos nuestros Padrinos y Madrinas, quienes aun en la enfermedad siguen apoyando la obra misionera de la Iglesia que se realiza a través de los Misioneros de Guadalupe. Dios los bendiga a todos.