Epifanía: manifestación de Dios al mundo

La Iglesia universal celebra la epifanía o manifestación del Señor el 6 de enero, como la primera revelación del niño Dios a todos los pueblos representados en los reyes magos de oriente.

¿Qué es la epifanía del Señor?

La palabra epifanía proviene del griego: επιφάνεια, que significa “manifestación” o “revelación”.

Cuando nos referimos a la epifanía del Señor, hablamos entonces de su manifestación, en el sentido de que Dios se revela y se da a conocer. 

La Iglesia celebra como epifanías tres manifestaciones de la vida de Jesús: la epifanía ante los magos de oriente, la epifanía del Bautismo del Señor y la epifanía de las bodas de Caná.

La primera epifanía es la que conocemos por el Evangelio de Mateo (2, 1-12), el cual señala la revelación del niño Dios a todos los pueblos representados en los “reyes magos” de oriente. Esta es la epifanía que celebramos tradicionalmente con ese nombre.

Esta fiesta es una de las más antiguas, ya que se inició en oriente y luego pasó a occidente por el siglo cuarto y en la Edad Media poco a poco comenzó a conocerse más como la fiesta de los reyes magos.

 

¿Por qué les decimos reyes magos?

El Evangelio de san Mateo es el único que habla de estos “magos”, explica que llegaron del “oriente”, una zona que para los judíos eran los territorios de Arabia, Persia o Caldea. En estas tierras llamaban “magos” a los doctores.

Además, la palabra “mago” en lengua persa significaba “sacerdote” y justamente los magos (magoi, en griego) eran una casta de sacerdotes persas o babilonios. Ellos no conocían la revelación divina como los judíos, pero estudiaban las estrellas en su deseo de buscar a Dios.

La tradición les llamó “reyes” a los magos en referencia al Salmo 72 (10 -11) que dice: “Los reyes de occidente y de las islas le pagarán tributo. Los reyes de Arabia y de Etiopía le ofrecerán regalos. Ante él se postrarán todos los reyes y le servirán todas las naciones”.

Sobre la estrella de Belén que vieron estos magos de oriente, se han construido varias hipótesis, algunas dicen que era un cometa, pero estudios astronómicos indican que al parecer se debió a la conjunción de los planetas Saturno y Júpiter en la constelación de Piscis.

En este sentido, los reyes magos posiblemente decidieron viajar en busca del Mesías porque, en la antigua astrología, Júpiter era considerado como la estrella del príncipe del mundo; la constelación de Piscis, como el signo del final de los tiempos; y el planeta Saturno en oriente, como la estrella de Palestina.

Es decir, quizá los “sabios de Oriente” entendieron que el Señor del final de los tiempos se aparecería ese año en Palestina, además, es probable que supieran de algunas profecías mesiánicas de los judíos y por eso llegaron a Jerusalén, al palacio de Herodes, preguntando por el rey de los judíos.

Los nombres de los magos no aparecen en la Biblia, pero la tradición les ha dado ciertos nombres. En un manuscrito de París de fines del siglo 7 se les nombra como “Bitisarea, Melchor y Gataspa”, pero en el siglo 9 se empezaron a propagar como Gaspar, Melchor y Baltazar.

Pudieran haber sido más los “magos” que visitaron al niño Dios, sin embargo, por referencia a los regalos, se hace alusión a que eran sólo tres, que hacen también referencia a las edades del ser humano: juventud (Gaspar), madurez (Baltazar) y vejez (Melchor).

 

¿Qué le regalaron los reyes magos al niño Dios?

Las Sagradas Escrituras refieren que el reconocimiento de estos magos de oriente está expresado en que llegaron a adorar al niño Dios, pues se postraron a sus pies y le ofrecieron tres regalos, los cuales tienen sus significados:

  • Oro: este regalo se ofrecía comúnmente a los reyes, es el regalo por excelencia al Rey de reyes. Se dice que fue Melchor quien lo ofreció, pues es generalmente representado como un anciano blanco con barba haciendo alusión al continente europeo.
  • Incienso: este es un regalo de ofrenda a Dios, es la oración que sube hacia él, como lo señala el Salmo 141, 2 (“que suba mi oración como incienso hasta ti…”), por tanto, el mago reconoce la divinidad del niño Dios. Se asocia con Gaspar, haciendo referencia al continente asiático. 
  • Mirra: era un perfume usado en la época, como se observa en el libro del Cantar de los Cantares (1, 13; 5, 5. 13) y también era usado en la preparación de los cadáveres, con este regalo se reconoce la humanidad de Jesús y su misión salvadora al morir por nosotros. Baltazar sería quien ofrece este presente al Señor, aludiendo al continente africano. 

En estos tres regalos suele verse este simbolismo de quién y para qué se manifestó Jesús al mundo. 

 

¿Cuándo se celebra la epifanía del Señor?

La Iglesia Católica celebra la epifanía de los reyes magos el 6 de enero, pero en México, al no ser una fiesta de precepto (es decir, obligatoria para los fieles), ésta se puede mover al domingo más cercano, que puede ser entre el 2 al 8 de enero, por eso es que en este año 2022 se celebró el domingo 2 de enero. 

 

¿Qué nos enseña la epifanía del Señor?

Los magos nos enseñan que se puede comenzar desde muy lejos para llegar a Cristo. Son hombres ricos, sabios extranjeros, sedientos de conocimiento, que parten en un largo y peligroso viaje que los lleva hasta Belén.

También nosotros estamos invitados a ser unos nuevos magos ante ese niño que, lleno de amor, ha querido nacer de nuevo para nosotros. Del mismo modo que los magos van al Señor no para recibir, sino para dar, nos podemos preguntar si nosotros le hemos llevado algún presente a Jesús o si vamos a su presencia con las manos vacías. 

Como a los magos, Dios nos invita a ofrecer con generosidad algo para nuestros hermanos más pequeños en señal del amor que le tenemos: que cuidemos a los enfermos, dediquemos tiempo a los que se encuentran solos, atendamos a nuestros mayores, consolemos a los que sufren.

 

ORACIÓN PARA CELEBRAR EN FAMILIA LA EPIFANÍA DEL SEÑOR

Señor Jesús, que a imitación de los magos de oriente

vayamos también nosotros frecuentemente

a adorarte en tu casa que es el Templo

y no vayamos jamás con las manos vacías.

Que te llevemos el oro de nuestras ofrendas,

el incienso de nuestra oración fervorosa 

y la mirra de los sacrificios que hacemos para permanecer fieles a ti,

y que te encontremos siempre junto a tu Madre Santísima María,

a quien queremos honrar y venerar siempre

como Madre tuya y Madre nuestra.

Amén.

 

 

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