神に感謝 (kami ni kansha) “Gracias a Dios”

El P. Jorge Luis Montero García, MG, nos cuenta, desde su experiencia en la Misión de Japón, cómo se puede acercar a Dios a quienes tienen una visión diferente de Él.

Autor: P. Jorge Luis Montero García, MG

Hablarle de Dios a alguien que no cree en Él puede ser complicado; uno de los retos más grandes que enfrentamos los misioneros es cómo vivir nuestra experiencia de Dios con personas que tienen una visión diferente.

 

Desde hace algunos años me encuentro en la Misión de Japón, un país con una tradición e historia milenarias. Los japoneses están orgullosos de su historia y tradiciones, y suelen ver con mucho recelo todo lo que venga de fuera, incluso la religión, por lo que el cristianismo es una minoría.

 

Gracias a Dios, ya no nos encontramos en la época de la persecución religiosa. Ahora se vive una libertad que hace siglos era impensable.

 

Cuando llegué, me enfrenté con dificultades como el idioma o las diferencias culturales, que no me permitían comunicarme. Durante los primeros años, era muy complejo llevar a cabo una pastoral, así que mi ser misionero se limitaba a la escuela de japonés. Mis compañeros eran de varios países y la mayoría no creía en Dios, jamás habían ido a una iglesia. Mi gran reto fue cómo vivir en ese ambiente y hablarles de Él.

 

En estos años, he comprendido que, sin menospreciar el estudio de la Teología y las grandes ciencias, el acercamiento se hace a través de la vida cotidiana, sin grandes complicaciones dogmáticas; por ejemplo, con mis compañeros de la escuela, al compartir todos los días las mismas frustraciones después de una semana que parecía más una batalla campal con el idioma, que nos dejaba exhaustos.

 

De hecho, se puso de moda una expresión que aprendí en las iglesias japonesas: “神に感謝” (kami ni kansha) “gracias a Dios”.

 

Al principio, lo decía en tono de broma, pues surgió un día en que la maestra no nos dejó tarea; ella simplemente dijo: “今日は宿題がありません” (kyo wa shukudai ga arimasen) (“hoy no hay tarea”) y mi respuesta fue “神に感謝” (kamini kansha) (“gracias a Dios”), mis compañeros me preguntaron qué significaba y, después de algún tiempo, no sólo yo, sino ellos e incluso las maestras lo decían. Esta simple expresión me permitió hablar de Dios con mis compañeros y maestros.

 

El apoyo y presencia de mis compañeros y maestras fue muy importante durante mis primeros pasos en el estudio del idioma japonés. Tanto así que me acompañaron en mi ordenación diaconal en la catedral de Kioto. Ninguno había estado en una iglesia, mucho menos en una misa. Pero estaban ahí acompañándome, siendo parte de un momento importante en mi vida.

 

Participaron en la misa de ordenación y después en el convivio. No sé si vuelvan a ir de nuevo a una iglesia o a misa, pero para todos fue una experiencia que jamás olvidaremos porque a pesar de ser de diferentes nacionalidades y formas de ser y pensar, Dios nos reunió en un punto para compartir la alegría de vivir.

 

Así se lleva a cabo la misión, de manera sencilla, compartiendo las alegrías y tristezas cotidianas, sin olvidar que estamos aquí para experimentar la alegría de creer en Jesús y caminar juntos hacia el encuentro con Dios.

 

En muchos de mis compañeros, durante mi época de estudiante, y ahora ya como sacerdote, puedo ver la presencia de Dios, así como en la gente con la que convivo y sin duda, me edifican más con su testimonio; no hacen más que animarme para seguir dando lo mejor en este país tan maravilloso. Así que, si alguien quiere venir a la Misión de Japón, no tengan miedo. No podemos negar que el idioma es difícil y que el choque cultural es un poco fuerte, pues entender la mentalidad japonesa es un reto, pero así como se presentan dificultades, también hay muchas alegrías que nos motivan.

 

En mi caso, he encontrado gente maravillosa que me ha apoyado en todo momento y de manera incondicional me animan y empujan a dar lo mejor. En los paisajes japoneses, las estaciones del año son increíbles, creía que sólo existían en las postales y en las películas, pero son reales y se pueden admirar.

 

 

Ahora, después de algunos años de haber terminado los estudios iniciales de la escuela de japonés, aún tengo contacto con la mayoría de mis compañeros que se convirtieron en mis amigos, y a pesar de que nuestros caminos siguieron rumbos diferentes, algunos de ellos siguen en Japón y otros regresaron a sus países, pero la amistad continúa, después de que platicamos siempre terminamos diciendo: 神に感謝 (kami ni kansha) (gracias a Dios).

 

Gracias Padrinos por su apoyo generoso en todos los sentidos. Sigan rezando por nosotros para que, a pesar de las dificultades y retos que muchas veces enfrentamos, sepamos seguir adelante. Mis oraciones por cada uno de ustedes y sus familias. Saludos y bendiciones desde el país del sol naciente. 皆さん、ありがとうございます。お互いに祈りましょう。(mina san, arigatogozaimasu, otagai ni inorimasho) (gracias a todos, oremos unos por otros).

 

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