La Evangelización en la Misión Amazónica

El P. Juan José Cortés Casillas, MG y el S. César Fernando Hernández Colín nos comparten más sobre el proyecto evangelizador de Misioneros de Guadalupe en la nueva Misión de la Amazonía.

Autores: P. Juan José Cortés Casillas, MG y S. César Fernando Hernández Colín

Queremos compartirles un poco sobre el nuevo proyecto evangelizador de nuestro Instituto en la región amazónica del continente sudamericano. Misioneros de Guadalupe tiene presencia en Perú (desde el 15 de septiembre de 1980) y Brasil (desde el 26 de abril de 1988), pero ahora, siguiendo la invitación del Papa Francisco, que nos estimula a sumar esfuerzos sinodalmente en rescate de nuestra Casa Común, y muy especialmente en apoyo de nuestros hermanos y hermanas de los pueblos amazónicos, nuestros superiores han tenido a bien llevar a cabo una reforma estructural del ser y quehacer de nuestro Instituto para hacer frente a los nuevos retos de la misión ad gentes en esa región.

 

El mismo Jesús de Nazaret nos recuerda: nadie hace un remiendo en un vestido viejo con un paño nuevo, porque el paño nuevo añadido tira del vestido viejo, y se produce una rotura peor. Ni tampoco se echa vino nuevo en odres viejos; de lo contrario, los odres viejos se revientan y el vino se derrama, sino que el vino nuevo se echa en odres nuevos, y así, ambos se conservan (cf. Mt 9, 16-17). El Papa Francisco sabiamente nos recuerda, en su Exhortación Apostólica Querida Amazonía, que: “La Amazonía es una totalidad plurinacional interconectada, un gran bioma compartido por nueve países: Brasil, Bolivia, Colombia, Ecuador, Guyana, Perú, Surinam, Venezuela y Guayana Francesa; y nos invita a redescubrir el valor, y la importancia, de estas tierras, y a trabajar juntos por su rescate y conservación” (cf. QA n. 5).
En este contexto, nuestro Sumo Pontífice nos comparte cuatro sueños con relación a la Amazonía: 

 

“Sueño con una Amazonía que luche por los derechos de los más pobres, de los pueblos originarios, de los últimos, donde su voz sea escuchada y su dignidad sea promovida. Sueño con una Amazonía que preserve esa riqueza cultural que la destaca, donde brilla de modos tan diversos la belleza humana. Sueño con una Amazonía que custodie celosamente la abrumadora hermosura natural que la engalana, la vida desbordante que llena sus ríos y sus selvas. Sueño con comunidades cristianas capaces de entregarse y de encarnarse en la Amazonía, hasta el punto de regalar a la Iglesia nuevos rostros con rasgos amazónicos” (cf. QA n. 7).

 

Ante esta nueva realidad misionera, el Instituto se siente inspirado e impulsado por el Espíritu Santo para llevar a cabo una renovación estructural en la Amazonía, y no sólo un reacomodo, sino que deja atrás sus seguridades y confort, haciendo a un lado  nuestro cansancio, remando mar adentro y volviendo a echar las redes en aguas desconocidas y profundas, sabiendo que Jesús está con nosotros, y si Él está con nosotros, la pesca está asegurada (cf. Lc 5, 4).

 

En particular, el proyecto consiste en fusionar y redimensionar las Misiones de Perú y Brasil, y dar paso a la nueva Misión de la Amazonía. Esta nueva manera de ser implica dejar en manos del clero diocesano parroquias ya desarrolladas donde hemos estado colaborando por más de 20 años e irnos a aquellos lugares donde hoy día se necesita más la presencia de misioneros.

 

La idea de fondo, en palabras de nuestro Superior General, el P. Eugenio Z. Romo Romo, MG, es: “ya no considerar la Amazonía en nueve países, ni nueve países con Amazonía; sino la Amazonía como una realidad única e indivisible, con sus riquezas culturales y naturales, a la cual hay que evangelizar, buscando encarnar esos cuatro sueños de nuestro Sumo Pontífice para bien de las personas y de la Casa Común”.

 

La fecha para iniciar esta nueva manera de ser en la Amazonía fue el 19 de marzo de 2022, fiesta de san José, patrono de la Iglesia Universal. De ahora en adelante, ya no hablaremos de nuestras Misiones de Perú y Brasil, sino de nuestra Misión en la Amazonía. Por ahora nuestra presencia se enfoca en cinco compromisos misioneros formales, a decir:

1. Vicariato Apostólico de Pucallpa, puesto misionero de Masisea, a la ribera del río Ucayali peruano, que está habitada por la etnia shipibo-konibo, entre otras.

2. Vicariato Apostólico de San José del Amazonas, puesto misionero de Caballo Cocha, a lo largo del río Amazonas, compuesto por nuestros hermanos ticuna peruanos, entre otros. Además, desde esta parroquia, apoyaremos otros dos puestos de misión peruanos, fronterizos con Brasil: Santa Rosa e Islandia, ambos con presencia de comunidades ticuna.

3. Vicariato Apostólico de San José del Amazonas, puesto misionero de Pebas, a la ribera del río Amazonas peruano, que cuenta con presencia de etnias boras, yaguas, ocainas y huitotos, entre otras.

4. Diócesis Alto Solimões, con dos parroquias por desarrollar, formadas, mayoritariamente, por la etnia ticuna brasileña, en la ciudad de Tabatinga, a la ribera del río Solimões brasileño.

5. Arquidiócesis de Manaos, en una zona misionera marginal en la misma ciudad de Manaos.

 

Todos los demás compromisos de Misioneros de Guadalupe en Brasil y Perú ya se han entregado o están en ese proceso. En adelante, enfocaremos nuestros recursos y esfuerzos en esta región, en pro de la evangelización de nuestra querida Amazonía.

 

Aunado a este proyecto, la unidad formativa del Curso de Espiritualidad y Pastoral (CESPA), el cual es obligatorio en la formación inicial de todos nuestros seminaristas mayores, se trasladará de México al puesto misionero de Pebas, en el río Amazonas peruano, con el único fin de que los seminaristas en formación tengan los elementos necesarios para que ahonden en las fuentes de la vida espiritual y pastoral de una forma contextual.

 

La nueva sede o residencia oficial del superior elegida para esta Misión es la ciudad brasileña de Tabatinga, ubicada en la triple frontera entre Brasil, Colombia y Perú.

 

Nuestras Constituciones mandan que coloquemos este vino nuevo puesto en odres nuevos bajo el amparo de la Virgen María, ya que ella es nuestro supremo e insuperable modelo, abogada y ejemplo de aquel amor maternal con que es necesario que estén animados todos aquellos que, en la misión apostólica de la Iglesia, cooperan en la regeneración de los hombres.

 

Santa María de Guadalupe se hace, ante todo y ante todos nosotros, imagen visible para predicar con un testimonio vivo y significativo, el amor universal de Dios a todos aquellos que lo buscan; como ella, el Misionero de Guadalupe quiere irradiar la imagen de Dios, más que con palabras, mediante un testimonio visible que muestre, sin ambigüedad, una vida que sea: a) Presencia de la caridad de Dios, preferentemente entre los pobres, los que viven en las periferias; b) Liberadora, que busque restaurar integralmente la dignidad humana; c) Expresión de diálogo amoroso de Dios, abierto a todo ser humano, mediante la presencia que escucha y acoge con amor y respeto al otro; e) Creadora de comunión con Dios y con los demás, y d) Mediadora de la comunidad eclesial, evangelizada y evangelizadora.

 

La Virgen de Guadalupe, por ello, debe ser nuestro mejor modelo misionero y evangelizador. En la medida en que los miembros del Instituto vivamos nuestra vocación de acuerdo con su expresión, sus actitudes y su método, nuestra espiritualidad adquirirá rasgos característicos y propios (cf. Const. Art. 26).

 

Queridos Padrinos y Madrinas, agradecemos su apoyo espiritual y material, ya que ustedes son el medio para que sea posible soñar con un nuevo amanecer para la evangelización, y como ya han leído, existen nuevos, grandes y apasionantes retos para la misión ad gentes, y los Misioneros de Guadalupe hemos creído conveniente asumirlos con esperanza renovada, puesta en las manos de Dios; con la ayuda del Espíritu Santo y de ustedes, seguiremos caminado juntos en el anuncio del Evangelio para mayor gloria de Dios y servicio a los hermanos más necesitados.

 

 

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