Se llevó a cabo la misa de depósito de cenizas del P. Juan José Ángel Luna Erreguerena, MG.

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Este 16 de diciembre de 2021 se llevó a cabo, en la capilla del Seminario de Misiones Extranjeras, Ciudad de México, la celebración eucarística para el depósito de cenizas del P. Juan José Ángel Luna Erreguerena, MG, https://www.youtube.com/watch?v=UNC30rLoESY  quien fue llamado a la Casa del Padre el pasado 16 de noviembre, a sus 78 años de edad, en la Casa San José, en Tlaquepaque, Jalisco.

La celebración fue presidida por el P. Eugenio Z. Romo Romo, MG, Superior General de Misioneros de Guadalupe, y concelebrada por Mons. Óscar Roberto Domínguez Couttolenc, MG, Obispo de la Diócesis de Ecatepec y el P. Francisco Trujillo Zepeda, MG. 

La homilía estuvo a cargo del P. Francisco Trujillo Zepeda, MG, quien en su reflexión sobre el Evangelio (Lucas 7, 24-30) mencionó que no son las telas suntuosas ni vivir en palacios lo que identifica a Juan como profeta, sino que su grandeza proviene de la predicación y del testimonio que da con su vida y estando a un mes de la llamada del Padre al P. Juan José, recordamos cómo nos enseñó el amor a Dios en lo grande y en lo pequeño:

“Por edad no puedo hablar tanto de atestiguar los logros de un ser humano muy capaz, de una inteligencia muy grande, un pedagogo, que fungió como rector tanto en Angola como en nuestro Seminario, Director Asistente del Secretariado de IMBISA, Superior General de nuestro Instituto por dos periodos…” 

Sin embargo, dijo el P. Francisco, sí le tocó atestiguar su amor a Dios y al prójimo desde lo pequeño para el mundo: la enfermedad y el dolor, pero él nunca se vio abandonado por Dios, y el P. Juan José tenía un amor muy grande a Dios y a los que lo rodeaban, como sus familiares cercanos.

“La enfermedad lo fue limitando para muchas cosas, pero él nunca se dejó vencer, desde donde estaba, como él podía, fue un testimonio de amor y resiliencia para los que más convivíamos con él.” 

Así mismo, el P. Trujillo reflexionó en cómo a veces estamos tan absortos en los problemas y trabajos cotidianos que dejamos de maravillarnos por las hermosas muestras de amor que Dios nos da día con día, el poder hacer algo por nosotros mismos, aprender algo nuevo, abrazar a alguien y decirle que lo queremos:

“Todo esto lo presencié con mi querido hermano (P. Luna), las enseñanzas de amor por lo pequeño se quedarán como muestras de amor de Dios en nuestras vidas y podremos decir como el Salmo de hoy: ‘alaben al Señor quienes lo aman, den gracias a su nombre, porque su ira dura un instante y su bondad, toda la vida’”

Antes de concluir la celebración eucarística, Miguel Ángel Luna Barberena, sobrino del P. Juan José Ángel Luna Erreguerena, compartió un mensaje, donde externaba que fue más que un buen hijo, amoroso hermano, un gran tío y entregado maestro, sino amigo de Jesús, su misionero:

“Aunque a todos nos duele tu partida, sabemos, por la fe que nos enseñaste, que la vida plena apenas comienza y que no hay ausencia sino que ahora nos acompañarás de una manera mucho más especial. Haz que el dolor que sentimos por tu partida se convierta en paz y alegría al saber que has cumplido tu mayor deseo, ir a la Casa del Padre a encontrarte con Dios y tus seres amados.”  

Así mismo, comentó que el P. Luna cumplió con entrega absoluta y apasionada la misión que Dios le encomendó, ser su misionero, ir al mundo y compartir el amor de Dios enfrentando retos que nunca lo detuvieron porque su escudo fue la imagen de la Virgen de Guadalupe, quien siempre lo acompañó en su camino. 

“Dejaste una huella muy profunda en todos los que nos cruzamos en tu camino, ahora te pedimos que nos des tu bendición, dales fuerza a tus hermanos seminaristas y misioneros y guíalos para que con el mismo amor, entrega y sacrificio con que lo hiciste tú… Gracias por tocar nuestros corazones… Gracias por querernos tanto ‘Chacho’… Gracias ‘Chacho’, de todo corazón: misión cumplida.”

Posteriormente, Mons. Óscar Roberto Domínguez Couttolenc, MG, Obispo de la Diócesis de Ecatepec, dio la oración y bendición a las cenizas del P. Juan José Ángel Luna Erreguerena, MG.

Después fueron llevadas las cenizas a la Capilla de la Virgen de Guadalupe, ahí, el P. Eugenio Z. Romo Romo, MG, bendijo el nicho y finalmente, fueron depositadas las cenizas del P. Juan José Ángel Luna, MG.

Como gesto de acompañamiento, las Hermanas Clarisas Franciscanas realizaron los cantos durante toda la celebración. 

El padre Juan José Ángel Luna se destacó por su entrega, compromiso y servicio a la labor de Misioneros de Guadalupe, damos gracias a Dios por su vida de entrega a las Misiones, y oramos para que, por sus méritos, Dios le conceda el regalo de la vida eterna. Que descanse en paz. Así sea.

 

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